juanchomultitud

Saturday, June 14, 2008

Si un Gato es una Gota de Tigre...


A los panas de Bogotá
a todos ellos
y a ellas
que compartieron calles y tintos


Si un gato es una gota de tigre y una niñita respondió con su matemática tan particular llamada poesía que entonces un tigre es un aguacero de gatos, le queda a uno como pensar que "este yo de hoy" es el chubasco arremolinado de gotitas de panas, de palabras y sorbos de amigos, tal vez sin orden ni concierto, afortunadamente caótico quizá, que presupone nacimientos eternos.

El fluir de las conversas, de las sonrisas, de las rabias tal vez, de las alegrías calafateadas con filosofares sabrosos, fecundos de rones y afines o desafines, nos fue convirtiendo, desde tiempos que ya se llaman épocas, en "el que soy hoy", la suma algebraica o geométrica -si hay alguna- de las esquinas de una casa que soportaba la curva de nuestras espaldas para, más cerca del ánima terra, nos fuera menos difícil la juntura con lo horizontal. Desde allí hasta amaneceres anochecidos en orillas con olas y piedras afiladas o paredes ahumadas con cabezas de toros negros que asomaban a olisquear a esos que no los dejaban dormir su sueño eterno, con tanta algarabía.

El somos que vamos siendo y que nunca se acaba, el que justifica nuestra desandada sobre y bajo estas tierras, ese que devenir que nos firma y que tratamos, a diario, de justificar. Somos suma compleja, función del tiempo, con algún coeficiente aleatorio. Una serie de tiempo sin tantos picos pero con piquete multidimensional.

Este siendo que vemos desde un somos inexistente, que a veces se nos aparece en un libro que nos gusta, en una canción que nos hace recordar tal vez el sabor de una empanada en la esquina de cuarta con doce, con su sinestesia tan particularmente oportuna que nos sorprende, que nos hace parar un imperceptible instante, sonreírnos sólo para nosotros (hay quienes, al pasar, lo han notado - lo sé -) y rápidamente amarrar el nudito entre el hilo viejo del olor almacenado y la madejita que creemos tener en nuestras manos.

Así vamos tratando de dar sentido al sinsentido eterno de la vida -incluida la nuestra- y el uso que de eso haremos sólo parece estar reservado para el "momento postrero". Mientras, el viaje emocionante se hace acompañado de los panas, de los libros, de los poemas ajenos que son nuestros y de los nuestros que echamos a correr panas abajo; el viaje al que nos unimos luego de nueve meses en una sala de espera y que al rodar por su pendiente vamos sumando lodos, hojas, pétalos, pelos, aguas, harinas, hojas de libros, miel, sudor, vinos y afines, que se nos fue convirtiendo en piel y huesos, que nos hizo ser más grandes de cuerpo para ver si iba cabiendo lo que fuimos atisbando en cada esquina, en el anverso de cada hoja, bajo las patas de una silla, en la solapan de un traje o en notas al margen de Platón.

Mas, mientras nos fuimos haciendo aguacero, empezamos a dar en vez de andar sólo necesitados de recibir. No por nada la cabeza de los yo-niños es más grande -proporción cabeza/cuerpo- que la de un yo-más-viejo: este que ya somos no aprenderá más nada nuevo, sólo relacionará. Lo aparentemente nuevo es eso, apariencia de nuevo. Nihil novum sub sole. Sólo relaciones con lo que nos cargamos de enanos. Ilusiones. O vanidad, sentenció Salomón.

Y somos lago de gotas de panas, con remolinos a veces, pero ya más mansos pero más misteriosos. Somos laguna de átomos de gente que nos fue armando, que nos fueron donando sus letras, sus palabras, besos, olores y sabores. O somos ríos, pero no saltarines, sólo ríos mayestáticos, que corren en susurros o, da lo mismo, que ven sus orillas correr mientras ellos, ríos que ríen, se dan su bomba y se detienen.

Somos la chorrera, pues, que todos hemos hecho de nosotros mismos, pero no desde la individualidad egoísta del miedo que nos siembran con pretensiones de inmortalidad; no, somos aguaceros de panas, de amores, de todo tipo de amores y amares y amarres, de los que solamente podemos dar cuenta si nos asumimos como un "soy porque ustedes son".

Tengo sed de todos y todas los que me han dado agua en el camino.

Sé que andan por allí.

Sigamos armando el tigre, gota a gota.

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Thursday, May 29, 2008

RETORNO NO SÉ CUÁNTOS


APARECIDA
así parece gritar esta foto
su nombre

regalo pa'l regreso por estas paredes

siempre pensé este lado del blogueo como la tribuna de mis cosas menos "poéticas" si es que alguna lo es o lo llegará a ser

pero es posible que no pueda escapar de esa pretensión que a veces se me endilga con apodos ruborizantes
cuando preguntan:
¿cómo anda, poeta?

me suena más raro que un perro púrpura
¿yo, poeta?
qué vaina
se agradece la venia
pero compromete más allá de mis tuétanos
la venia o la vaina

¿o será que por ahí va la vaina?
qué buena venia
qué vaina, venia

de todos modos, me acerco por esta ventanita como si por aquí pudiera gritar susurros de otras índoles
de esas vainas que a uno se le van ocurriendo
de las que da arrechera dejar de hacer
de las que nos recuerdan y nos recuerda cada paso
que
¡tenemos que hacerlas, coño!

(el pana Horacio sabe de qué hablo, en nombre plural)

Me sabe a dialéctica la vaina, en sentido inmenso e intenso
de ese tanto leer o del no leer nada
o leer cuando el sindrome de abstinencia de letras se hace insoportable
de leer para ver si alcanzamos esa masa crítica
o a ver si al menos criticamos a las masas
o para darnos cuenta de que la puta masa no ta' pa bollo
o que la masa es menos que la suma de sus partes
o si es más

no sé
tal vez para eso lea uno de vez en cuando pues

en esas se anda
se desanda
como sombra del espanto canilluo
(cantare la copla)
o amaneciendo oscurito con café de ayer
pero sabroso y Alí que cunavichea

pa' ve si nos alcanza la mañana para el alma
o si no se nos oscurece el día desde las brumas de la estupidez
tan campante la hijueputa
que anda y desanda
desatada

veremos qué habrá de pasar
velaremos porque pase y no pese
que bese más bien
no que pise
no pura pose
pase pese pise pose puse
base bese
faltan tres
veremos cómo las escribimos
o cómo les buscamos significado
o significante
(qué cantidad de paja ha corrido en tintas)

como ya se cansaron de tanta letra
azul cielo, pa remate
voy a ver si en vez de andar escribiendo tanto
salgo a ver qué colores se inventó el Sol hoy

mañana les cuento

dejo un abrazo
o dos

son suyos

soy de ustedes
pues

JUANCHO


Friday, October 12, 2007

INQUIETO

inquieto
deambulando desde un entuerto de lo conocido
hasta un indicio de lo por saber
me da por retorcerme los bordes de una boca
creando y creyendo
en algún paraje donde nadie conozca a la Monroe
ni a Lisa Gherardini por su apelativo de Mona y Leonardo

me da por inventarme
inquieto
que en otra piedra roja que deambula rotando
los llamados espacios
no se encuentre un museo en pie
ni Soto meciendo penetrables
por ejemplo

pero me inquieto no porque desee que no existan
no
más bien diría al revés:
me inquieta que quiero verlos por doquier
colgando de las nubes
o dibujando con punticos cualquier laguna
con o sin garzas moras o gabanes
o que en cualquier tranquero aparezca
un Carrao y otro viejo inspirao cantando alto

porque me inquieta más de lo que puedo imaginar
o soportar sin derramarme
saber que veo rediles
y desfiles de carneros
daga en ristre
puñal pa' su pescuezo
que uno por uno compró encandilao

me inquieta saber
lo que no sé
o tal vez olvidar lo que ha costado un poco
menos que sudor y crujir de nudillos
y me jode la semántica
cretina de un sistema
de un motor o de un repique inalámbrico

pero me jode más anticiparme
al no haber sido capaz
siquiera
de pegar cuatro gritos
aunque a veces silentes
y pensarme callado ahorita mismo

no es en vano
¿no lo es?
¿qué es lo que será?
ni puta exacta idea
pero la idea va

pero de nuevo
me inquieta

¡ inquieto andaré pues !

Wednesday, April 18, 2007

De la poesía y la filosofía como sinónimos ( uno de no sé cuántos )



(a la sabia Teodora y al sabio Salomón... de ambos se bebe aún, pues)

Cierta vez me preguntaba un amigo filósofo cuál sería la mejor manera de acercarnos a “la realidad”, a “la verdad” de las cosas, a su esencia. Después de un par de apretujones al mentón, como si éste fuera la ubre de la que saldría galactificado el pensamiento, le digo: sin duda, la poesía.

Por supuesto, no fue de fácil digestión tal atrevimiento. Sería como decirle a un médico tradicional que una mixtura de yerbas cura tal o cual enfermedad grave. O sea: uno quiere que le respondan las preguntas realmente importantes siempre dentro del mismo esquema de valores que uno maneja, dentro del mismo código en que se comunica o, más general, dentro del mismo enfoque epistemológico, lo que conlleva un riesgo múltiple, del que sólo se me ocurre mencionar un aspecto mediante una frase de Einstein que más o menos decía que “no se puede tratar de resolver un problema con las mismas herramientas que se usaron para crearlo.”

Ello es, sin duda, uno de los subproductos perniciosos (si no el más) de nuestro sistema formativo tradicional. Por mejores que sean las intenciones, las prédicas que se propaguen a los 4 vientos, la idea ha seguido siendo la misma: crear imitadores, simples repetidores de matrices epistemológicas. De vez en cuando alguien se rebela (a veces inconscientemente) y se atreve a mirar esa realidad con otros anteojos.

Otro aspecto interesante es el de subirte la falsa autoestima cognitiva hasta un nivel en que piensas que te la estás comiendo cuando repites a pie de letra alguna formulación teórica, algún enfoque de la realidad siempre ajeno, siempre lejano. Usualmente este parafraseo o esa traducción casi sintáctica (pocas veces semántica, mucho menos pragmática) no es más que un patético uso de términos recién aprendidos, que no tengo idea de qué significan, pero que suenan bien en un congreso o entrevista.

Alguno que otro se atreve a proponer un término nuevo o funda diccionarios y gesta descripciones simbólicas de realidades que antes se habían pasado por alto. En el mismo descriptor podemos ubicar al filósofo y al poeta, como fundadores de maneras de entender la realidad, de nombrarla y por ello dar el primer paso en la fundación de esa realidad. Como pioneros, los realmente poetas y los realmente filósofos, en un territorio tal vez lleno de pisadas pero sin rumbo.

Se funda la realidad nombrándola y armando con los nombres el órgano, el cuerpo que cobra vida con el soplo del entendimiento una vez éste se hace colectivo.

Cuando la filosofía y la poesía se sientan como sinónimos, en ese momento, se habrá abierto una puerta de inimaginable horizonte.

Wednesday, April 11, 2007

DE MEMORIA VA EL ASUNTO


El tan particular desfile de añoranzas en que se solazan los recuerdos de ese inicio llamado infancia puede que sea tal vez, de las cosas más nuestras y más íntimas, la más amada y a la que se suele volver de manera ineluctable. Por lo menos vuelve el que así lo desea y es el deseo de ese retornar el que es universal: el ir, como acción efectiva, es una decisión ya personal.

Pero retornamos o intentamos esa vuelta atrás mediante el único vehículo del que hemos sido dotados para el viaje en el tiempo: la memoria. Y no la antropocentrada memoria que habita las neuronas, sino de toda otra posibilidad de la misma, soportada en papel, en agua, aire, fuego o vueltas de electrones o, incluso y más misterioso aún, en esa insondeada meme que es la evocación, sinestesia mediante en algunos casos.

Muy humana empresa la del retorno, metaforizada en tantos mitos y creencias, algunos incluso tornados religión.

Nuestra memoria pareciera ser, además, la manera, la única manera, que tenemos de luchar contra el paso aparente de esa entelequia llamada tiempo. Somos concientes de que ese “algo” transcurre porque evocamos, recordamos, y toda evocación o recuerdo es, necesariamente, una visita a una impronta dejada allí, en algún no-lugar, por algo que dejó su huella. Cuanto más tengamos que entrecerrar los ojos para atisbarlo, para ubicarlo por vías ya muy de cada quien, más atrás en el tiempo habrá sido dejada su huella. Allí, una posibilidad de percepción del paso del tiempo.

Sin embargo llega un momento en que al parecer se empiezan a ver más nítidamente las huellas más viejas que las más recientes. Los más ancianos de entre nosotros saben de eso. De allí que ese retorno a la infancia sea, más que un instinto, una necesidad sin muchas opciones alternas.

Si pudiésemos recordar “hacia delante” otra cosa sería.

¿Qué es predecir sino recordar el futuro?

¿Pero cómo se recuerda algo que no ha sucedido?

Quizá si cambiamos la semántica misma del vocablo “recordar” se logre algo, o haciendo sinonimias se consiga más. Tal vez los creadores, algunos de los llamados genios, han logrado encontrar ese atajo entre el tiempo lineal y ese otro tiempo que no transcurre, el tiempo circular, el tiempo divino. Están recordando eso no sucedido aún para el tiempo lineal pero que ya existe en alguna parte de ese siempre esquivo “más adelante” que nos acecha.

Crear es recordar eso que un no sucede, adecuando nuestras acciones en pro de su existencia; es decir, construyendo.

El eterno retorno pero no hacia lo ya sucedido sino sobre lo que habrá de suceder.

Ello no da tregua. No hay descanso posible en esa lucha. Será lo que accionemos para que sea y contra eso no hay posibilidad de escape: cada acción, por pequeña, es una especie de efecto mariposa pero en la dimensión temporal.

Saturday, February 24, 2007

COSMOGONÍAS ESPANTOS Y APARECIDOS



Puede decirse que se trata de una condición humana el hecho de no concebir abismos insondables. Desde la noción de lo no visible por minúsculo hasta la inabarcable idea del infinito parecen confinarnos a un pequeño mordisco de tiempo y espacio del que, aparentemente, tenemos conciencia.

Estamos destinados humanamente a ser el intermedio entre un génesis y su apocalipsis, entre un alfa y un omega, por usar términos más o menos conocidos, e inevitablemente deducimos que como es para uno ha de ser para todos los que nos son iguales: yo nazco, yo muero, ergo la humanidad debió de haber nacido y de ello a su vez deducimos el ineluctable final.

De allí las cosmogonías, los orígenes de los cosmos, el nacimiento de lo que vemos, de lo notorio, de lo que concebimos como ordenado y por ende estético. Cosmos y cosmético tienen el mismo origen para los griegos al menos, el “cosmere” es la misma raíz para lo hermoso y para el universo. Necesidades de su “ahora” particular. Y así mismo nuestras más cercanas cosmogonías se muestran obedientes al topos particular en el que fueron concebidas o reveladas.

Y en ese tráfago caótico, solo desde el cual es posible la creación, ha de ser tentación la idea de escribir los finales posibles, la crónica de los tiempos postreros. Mas en el camino no todo es inicio y final: lo más interesante tal vez no sean el origen y el destino sino los avatares del desandar los pasos y también allí podemos encontrar indicios de misterios de inicios y finales.

Nuestro inicio parecía describirse como lo que podemos ver y nuestro fin estaría justo antes de que dejemos de traducir a través de los sentidos. Todo lo que estuviera oculto en la noche o bajo las aguas o entre las nieblas o sobre los árboles o bajo la tierra estaba más allá de nuestro universo posible, eso formaba parte de lo especulado y era condición de inicio para lo imaginario puro o para esa fantasía que más de una vez sólo vino a hacer entendible para nosotros lo que tal vez haya sido sencillamente inescrutable en otros lenguajes.

Deambulaban por las sombras los llantos de mujeres y de niños, los toros hechos fuego o zancos que silbaban entre los mogotes, o cadenas que arrastran imágenes de caballos y carretas sin carreta ni caballo.

Siguen yaciendo allí en lo oscuro, en ese rincón mágico que nos bautiza humanos.

En ese imaginario tan nuestro, tan necesario, allí en ese caos primigenio y primigente desde el que nos construimos cada noche tras los párpados, y al que damos lo más libre de nosotros: la capacidad de soñarnos, la libertad de construir para nosotros orígenes, aderezando devenires e ir dibujando y descartando los posibles finales.

Estoy seguro de que lo perceptible, lo medible, lo que podemos ver es también producto de esa ensoñación de la que hemos traído todo ese cúmulo de constructos que llamamos cultura, y que tanto eso tangible como lo que creemos atisbar en lo oscuro, en algún rincón de lo imperceptible, son diferentes vistas de una misma verdad, de esa realidad que está allá afuera y a la que apenas, a duras penas, estamos comenzando a acercarnos. Mucho sería pedir poder entenderla del todo.

MÁSCARAS


Carnaval. Fecha de máscaras, de disfraces. Momento para hacer efectiva una de las facetas aparentemente más conocidas y abusadas del término libertad: hacer lo que quiera, delante de quien sea.

Pero más allá del permiso del lunes y martes que por estas fechas vuelve cada año, está también que muchas veces el que es libre de la manera que dijimos antes (hacer lo que quiera delante de quien sea) es un ser anónimo, con cuerpo, alma, espíritu pero sin rostro. Es la máscara la que nos permite muchas veces ese anonimato sin el que no hay permiso para ser un loco por dos días.

Excelente catarsis anónima. Soy irreverente ante la vista de la multitud y sólo yo conozco quien soy y esa irreverencia me transforma, mediante un íntimo soliloquio detrás de esa máscara, en un monarca al que todo se le permite, sólo por dos días. Soy el rey particular de mi pequeño reino permisivo. Me permito burlarme de reglas ajenas que tengo que obedecer por otros 364 días; pierdo el miedo al ridículo, me someto al escarnio público de manera voluntaria (pero anónima), dejo de ser yo ante los demás por un par de días y ese monólogo ebrio de irreverencia toma posesión de mis ánimos. Soy la máscara de un Jano bifronte.

La licencia expira el martes en la noche. Ya se impone un miércoles ineluctable con su vuelta a la cordura y nosotros con la resaca sonriente de habernos sentido anónimamente libres por dos días con sus noches.

Llega el deber, la obligación y volvemos a convertirnos en animales asociatados.

Reglas que cumplir, horarios que respetar. La vida, esa entelequia que está allá afuera, no era, después de todo un carnaval.

Mas las máscaras nunca se han olvidado del todo y dondequiera que volteamos vemos rostros cuyos dueños jamás llegaremos a conocer. De eso estamos seguros allá en nuestro íntimo, pero sacudimos la cabeza como para librarnos de esa aparentemente absurda idea de que no hay máscaras. Sabemos que sí las hay. Y habitan en cada rincón, aparecen detrás de cada escritorio o en alguna curul. En el apartamento de al lado tal vez hay muchas, en la iglesia de la parroquia parecen tener predilección por convocarse. Hay máscaras en el pasado, en la historia, que poco a poco se han ido develando y, seguro, hay alguna que pronto dejará correr su velo.

La mascarada permisiva llega a su fin el martes. La otra, la más peligrosa, no descansa nunca.

Gracias de nuevo y es grato saber que en algún lado nos escuchan.

Un abrazo desde estos 3º grados, dos minutos al occidente.

SONIDOS SABERES SABORES


Si hay dos elementos culturales que identifican sin duda a un determinado grupo étnico o a un país son su comida y su música.

Las distinciones basadas en supuestos colores de piel ya casi forman parte de la historia de la ignominia.

La alimentación y la música, sin embargo, son dos aspectos distintivos que tienen la virtud de unir, más que de separar. Nos invitan a conocer más que a ignorar.

El degustar y el deleite auditivo son, de este modo, definitorios de la ubicación de cierta cultura en unas coordenadas espacio temporales específicas. Existen otros aspectos, por supuesto, que no quiero tocar aquí no sea que estos dos minutos se transformen en dos horas.

Sin duda, por otro lado, tanto la música como la culinaria son la suma, como entes complejos, de diferentes aspectos que pueden trazar, incluso, la historia de ese determinado grupo cultural al que pertenecen. Ambos, sones y sabores, son resultado de la culturización, del intercambio consciente o involuntario de cultura; ambos forman parte de esa maravilla transhumana y trashumante que, una vez decantada por el tiempo y el espacio, damos en llamar cultura propia.

En nuestra América no somos la excepción y sí, más bien, un ejemplo en desarrollo de esa interacción fundamental entre diferentes topos y momentos sociales. Somos un maravilloso híbrido, hijos de múltiples factores y circunstancias y podemos darnos el lujo de definir como nuestra la suma indisoluble de sabores y sonidos y llamar típico a tal o cual plato o música de heterogénea receta o ingredientes.

Nuestra es la música y la olla hecha con instrumentos que una vez sólo fueron usados en los grandes salones o que sólo marcaban determinados compases. Hicimos nuestro cada grupo de cuerdas, de fuelles, de cueros, de semillas, óleos y jarabes, colores, acentos, agruras y dulzores, harinas y texturas. Sazonamos teclas y guisos con nuestro indio y negro particulares para convertirlos en típicos, en nuestros.

E incluso fuimos más allá de reconocerlo como propio de una región intra fronteras y lo regalamos a la olla del caribe, por ejemplo, o más allá del espinazo hecho montaña que define nuestro sur.

Somos, en definitiva, transculturales por definición, entendiendo el prefijo trans desde la acepción que le da la complejidad: somos un todo maravilloso que es, definitivamente, más que la simple suma de sus partes.

Nos vemos de nuevo, estimados usuarios, compañeros que nos escuchan, desde este rincón occidental, hoy con un poco menos de 30 grados, dos minutos hacia este lado de esta maravillosa tierra.

Un abrazo

AÑO NUEVO

(IMAGEN: María Meneses, mi madre. Cubagua.)

Así como la navidad es nacimiento, el año nuevo es metáfora de renovación. Nacimiento es aparecer, venir, surgir. Renovación es cambio, remozar lo viejo, cambiar una cosa reciente por otra que no lo es ya, trocar en nuevo lo antiguo. No es casualidad que una semana después de la celebración de un nacimiento nos toque reír o llorar porque lo que ya es pretérito sea sustituido por lo que ayer no más era futuro.
En tal sentido, año nuevo y revolución se parecen mucho. Pero el año nuevo llega solo, es parte indisoluble de la división del tiempo que nos legó el renacimiento.
La revolución no llega sola. La revolución se puede presentir, logramos atisbarla en los rincones de la historia, pero si no la hacemos llegar, ni se preocupará en venir. No hay un calendario en el que estén registradas las revoluciones.
Sin embargo nunca estaremos ajenos a los cambios: somos humanos.
Revolución es cambio para mejor, es evolución. Es renacer desde lo anterior para hacer posibles los sueños que lo anterior no permitía. Incluso para hacernos soñar lo que nunca hemos imaginado.
Revolución es nacimiento con cambio y cambio con nacimiento, como un año nuevo vestido de navidad, pero que dura más de una semana.
Construyamos el país desde la revolución. No tenemos otra opción. Todo lo demás sería sencillamente mentirnos. Sin revolución verdadera estamos nos condenamos a repetir los errores de lo antiguo, resignados a un revisionismo estéril.
Propiciemos los cambios desde la conciencia revolucionaria. Seamos cada vez mejores ciudadanos en el sentido real de su significado. Seamos conscientes de que somos parte de dos patrias: una es la que conocemos y otra es la que soñamos. Amabas coexisten por los momentos, pero sólo una será la de mañana.
Afortunadamente la elección está hecha, sólo hay que trabajar para que la nueva república termine de venir. Ayudemos a la patria a parir, pa que se ponga bonita. Hagamos realidad nuestro futuro. Ya estamos por buena ruta, pero tenemos que andar y seguir haciendo camino.

NA (T I) VIDAD


Navidad, natividad, nacimiento.
Renacer es la idea. Cada nuevo año, en cada uno de esos ciclos básicos de la vida social, celebramos un nacimiento que, se nos dice, ocurrió hace dos mil seis años. Un cumpleaños, pues.
Poniendo de lado si se trata de verdades absolutas o de conmemoraciones simbólicas o de tradiciones acomodaticias, la fiesta que celebramos en navidad nos involucra a muchos. Cada uno de nosotros la celebramos a nuestra manera, con nuestros propios o ajenos rituales. Damos, regalamos, recibimos obsequios, comemos, bebemos. Muchos disfrutamos, otros somos victimas de alguna crisis de mediana intensidad. Lo cierto es que casi nadie queda por fuera.
Y este año nuestra navidad fue precedida por un proceso de elección bastante singular: por primera vez se hace efectiva la posibilidad de reelección de un presidente en ejercicio.
Y ese compañero presidente sigue en ejercicio.
Entonces esta navidad viene no sólo para recordar un nacimiento bimilenario sino que nos puso en las manos la posibilidad de hacernos renacer a través del ejercicio pleno de nuestros derechos. Y además nos otorgó la posibilidad maravillosa de tener en las manos la decisión de dar vida a una nueva etapa de nuestra historia.
La revolución Bolivariana se consolida y toma aliento a través del renacimiento que pusimos de antesala a esta navidad.
Tenemos el deber de aprovechar la oportunidad de volver a nosotros mismos y hacer nacer de nuevo la navidad desde su significado originario. Tenemos que trabajar en eso y es el momento de ponerle empeño a el nacimiento de una patria, de la patria que todos esperamos. De esa patria que tal vez habite por ahora en nuestros sueños, pero que es esa patria que todos nos queremos dar. No siempre podemos decir cuál es, pero todos la tenemos habitando allí, naciendo del lugar desde el que amamos, pues los hombres y mujeres de buena voluntad somos revolucionarios en esencia.

ELEGIR




Escoger, preferir, tener como favorito a algo o a alguien para algún fin. Eso es elegir. Verbo fundamental, acción cotidiana de vida. Elegir es optar. Pero es más que sólo decidir.
El DRAE nos dice que nuestra palabra “decidir” nos llega del latín que significa “cortar, resolver” y podemos pensar que decidir nos coloca en el dilema de terminar con algo, de cortarlo, para quedarnos con una de sus partes, justo por la que hemos decidido.
Elegir se nos presenta en el mismo diccionario con una connotación más suave: preferir, tener como favorito a algo o alguien para algún fin. En este verbo no hay connotación de acción de fuerza, sino de una preferencia que nos convenza positivamente.

En nuestro amado país nos hallamos en momento de elección. Toda elección conlleva un juicio. La elección ser basa en el sentimiento y en la razón, pues como indivíduos, como colectivo, como país, nos hemos planteado metas y elegir bien es preferir a quien nos infunda confianza, fe, esperanza, que coloquen nuetras metas en un plano realizable y esas metas no se reducen a lo material.
Elegir es inteligencia, tanto la del cerebro como la del corazón. Elegimos siguiendo la emoción que nos infunde el saber entendidas nuestras esperanzas. Elegimos con la certeza de que nuestros sueños más queridos tengan continuidad en el tiempo.
En estos días elegimos la paz y la armonía como único camino posible para seguir naciendo cada día; pero no una falsa tranquilidad de aquellas del pan y circo, sino ese sosiego que sólo brinda el sabernos parte importante del colectivo, del país; en fin, de la patria.

Así que elijamos desde nuestro pensar y con nuestro sentir como luz. Elijamos lo humano, elijamos la sonrisa y los amaneceres antes que lo nefastamente inhumano cargado de oscurana.
Elijamos la alegría y no la rabia, el canto y no el chillido.
Vamos a elegir lo creativo, no lo caduco y retrógrado.
Elijamos pues, la vida.

Nos veremos el próximo lunes para celebrar la vida, lo aseguro.

Hasta ese lunes, un par de minutos más, a 30 grados al occidente.

Saturday, January 20, 2007

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